Cambiar de vida a los 50 años y fundar una empresa de la nada partiendo de cero. Resulta sorprendente pero eso fue lo que hizo Don Enrique Pablos hace 40 años. Así nació NOREL una compañía dedicada a la alimentación animal y hoy convertida en una gran multinacional sin dejar de responder a la filosofía de una empresa familiar.

El alumbramiento se produjo el 15 de enero de 1980 y tras él se encontraba no sólo el propio Don Enrique Pablos, sino también Dona Margarita Cortés. Compartían la vida, se habían casado dos años antes, compartían los sueños y a partir de ese momento también el negocio que nació y creció como si fuese su propio hijo. Empezaron trabajando en casa y al poco tiempo compraron las primeras oficinas.

La primera gran operación que realizó Don Enrique con Norel fue adquirir una gran cantidad de sueros de leche franceses. Tenía buenas relaciones con los vendedores por su trayectoria anterior y siguiendo la intuición decidió quedarse con todo el suero que vendían, que era una cantidad muy importante, grandes toneladas.

Así que Norel empezó adquiriendo materias primas para la alimentación animal. De hecho, al principio, no se pensaba en fabricar, aunque Don Enrique sí tenía en mente la creación de un laboratorio y almacén. Pero su impulso creador pudo más y lo fue llevando cada vez más lejos, tanto como sus sueños, que jamás reconocieron límites. Y de ahí el propio nombre de la empresa, NOREL, un acrónimo nacido del lema de la empresa ideado por el propio Don Enrique: NO REconocemos Límites.

Extracto adaptado del libro “El Sueño de no reconocer límites”, escrito por Montse Morada para la conmemoración de los 35 años de Norel.

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